Vivimos en una sociedad, en la que alrededor del 30% de la población se encuentra en riesgo de pobreza o de exclusión social, más del 20% de las personas en edad de trabajar no consigue empleo, y donde el paro juvenil (menores de 25 años) ronda el 50%.

Muchas familias dependen de las ayudas del estado y de las organizaciones cooperadoras. Los jóvenes una vez formados emigran, ante la imposibilidad de ejercer los conocimientos adquiridos.

Nos acercamos a una situación en la que no se produce, el estado no recauda y nos empiezan a fallar nuestros pilares fundamentales: sanidad, educación, pensiones…

Lo que parece que solo hoy influye a un porcentaje de la población, afectará mañana a los trabajadores actuales, como jubilados del futuro.

Ante este contexto, observamos la gran necesidad que tiene nuestra sociedad de cooperar con las organizaciones que amparan a las personas inmersas en esta situación.

Tenemos que mirar el problema desde otro ángulo para encontrar la solución:

Las organizaciones con carácter social tienen la capacidad de contratar. Las diferenciamos de las empresas porque estas no producen bienes materiales o económicos, realizan proyectos por la sociedad. 

Tejido socialComprendiendo y, por lo tanto, contribuyendo con estas entidades provocamos el momento en el que éstas crecen y abarcan nuevos proyectos, siendo necesaria la contratación de personal para llevarlos a cabo.

Esto supone un ciclo incesante dónde el ciudadano inicia la acción: Coopera con la organización que más le identifique, generando a su vez otra cooperación… Suponiendo un caudal económico hacia estas organizaciones, que las hace crecer, idear nuevas formas de ayudar y necesariamente generar empleo para poder llevar a cabo sus proyectos.

 

 Es nuestro momento.

 “Juntos construimos el presente, mejoramos el futuro"

 

 

Fuentes: Ministerio de Empleo y de Seguridad Social, Instituto Nacional de Estadística.